Aún recuerdo el día en que mi primer piano entró en casa. Me sentía muy agradecida por tener unos padres que apoyaran mi amor por la música y mi necesidad de tener al alcance de la mano la herramienta que me permitiera aprender y disfrutar de ella. Tenía 10 años.
Poco a poco fui entendiendo que al convivir en una comunidad aquello podía resultar molesto para el resto de los vecinos. Mi madre, siempre preocupada por no alterar el descanso de los demás, me decía que no tocara a la hora de la siesta ni después de las 22.00 h.
No obstante, la preocupación por no molestar no desapareció y, uno por uno, fue preguntando a todos los vecinos si lo escuchaban y si les molestaba.
La respuesta fue siempre la misma: "lo escuchamos y nos encanta". De hecho, casi me reprochaban el día que no tocaba. Y todos si excepción agradecían tener en el bloque alguien que les deleitara de cuando en cuando con algo de música clásica.
Tuve mucha suerte.
La suerte que no ha tenido Laia Martín. Una joven pianista que practicaba en casa y a la que una vecina ha interpuesto una
denuncia por ruido que ha dado como resultado que el fiscal pida 7 años y medio de cárcel para ella. No solo eso, también se acusa a los padres de complicidad.
Aquí puedes leer la noticia.
¿Excesivo? ¿Abusivo? ¿De una excentricidad sin límites? Se podría añadir también que de un cinismo aterrador. No es la primera vez que me quedo perpleja leyendo algo
así.
Asociar música con ruido ya me parece un disparate, pero que pidan pena de cárcel para una joven cuyo delito es tocar el piano me deja anonadada. Pues que la palabra música (y todo lo que significa) aparezca asociada a ruido y a delito me parece lamentable. Pero que el sano y didáctico ejercicio que practicaba esta chica en su casa se compare con el ruido que provoca una obra en la vía pública ya raya lo abominable.
Puedo hacer un ejercicio de empatía y entender que haya personas a las que la música les resulte molesta. A la vecina en cuestión la
contaminación acústica le ha provocado
lesiones psíquicas.
Las leyes permiten denunciar a quienes causan ruidos excesivos. Que se haya saltado de la vía administrativa a la penal directamente es lo que me resulta de lo más controvertido. ¿Es que en el caso de Laia se agotó la vía diplomática? ¿Se intentó en algún momento el diálogo? Si a mi madre le hubieran dicho en su día que su hija ponía de los nervios a cualquiera tocando el piano ya se hubiera cuidado muy mucho de buscar una solución. Que claro, este es otro tema. ¿Dónde te metes? Yo no sé en Puigcerdá (el lugar donde acontecen estos hechos) pero en mi pueblo no existe la posibilidad de irte a practicar a un local de ensayo preparado para tal efecto.
Y, por otro lado, ¿cómo es posible que en un país en el que hay dos coches por familia de media y que ha sido arrasado con la construcción con obras a cada pocos metros una de otra se ponga ahora más refinado que ninguno y considere que tocar el piano constituye un delito por ser ruido? Un ruido ¿inaguantable? ¿En serio?
Solo me queda desear que en el 2012 dejen de cometerse injusticias de este tipo, que se deje de asociar música con ruido y que los músicos podamos convivir en paz con nuestro entorno.