miércoles, 1 de septiembre de 2010

RAZÓN Y CORAZÓN

Desde hace poco más de dos meses tengo la suerte de moderar una Vocal Session aquí en Berlín (más abajo haré un poco de promoción).
La experiencia está siendo muy interesante y por lo general gratificante. Estoy conociendo a muchos músicos, sobretodo cantantes, de distintas nacionalidades y con estilos muy diferentes.
De un tiempo a esta parte me vengo dando cuenta la gran variedad de puntos de vista que existen con respecto a la música y a veces incluso padezco su imposición por parte de algunos como algo inamovible.
Bien, aprovecharé este mi espacio para plantear mi propio punto de vista.
Para mí la música es matemática y sentimiento. Matemática porque dar una nota donde no corresponde o tocar sin ritmo es como decir que Pi es igual a 3,41. Vamos, que el resultado de la ecuación sería erróneo. Sentimiento porque tocar una pieza sin expresión es como recitar un poema sin variar la entonación, y por ende no transmitir nada.
La cosa se complica cuando se toca en una banda. Todos tienen que ir a una para lo cual, si es necesario, hay alguien que debe dirigir. Esta persona será la encargada de marcar el tempo, de marcar los acentos en el desarrollo de la obra, de demandar a cada músico lo que necesita el tema, de indicar el estilo... y todos deben ser respetuosos con estas pautas. Pero sobretodo y ante todo deben respetar la música. ¿Y qué es respetar la música? Para mí es estudio y dedicación, tiempo y paciencia, atenta escucha de los músicos con los que se está tocando, atención a la musicalidad y al ritmo, y un largo etcétera.
Y creo que lo que se olvida muy a menudo es que uno no puede hacer lo quiere si no lo que debe. La maravilla del trabajo en equipo es precisamente estar regidos por una pautas (que marca el director o la propia partitura) para desarrollar un proyecto común en el que cada una de las partes es imprescindible. No solo eso. Cada parte puede contribuir a que el proyecto alcance su sublimación. Esto sucede cuando cada uno aporta su propia creatividad, su propia experiencia y la comparte con el resto. Pero eso sí, nunca podrá dejar de ser música. No podrá ser por la vía de la imposición ni de la creencia de que todo vale... porque todo no vale. Lo primero es el ritmo, después la melodía, la armonía, la dinámica... y en lo personal la química, tan valiosa a la hora de estar sobre las tablas.
Del mismo modo que Pi no es 3,41 y cualquier poema merece ser bien entonado, la música tiene una lógica que se debe razonar y encierra sentimientos que inevitablemente se deben transmitir.

Invitados quedáis todos los amantes de la música a nuestra VOCAL SESSION (para cantantes) de Swing y Jazz.
Aquí os dejo el cartel

EL QUE PARTE Y REPARTE...

Aquí os dejo un enlace que os lleva a una página donde podréis ver cómo se hace el reparto de las ganancias en la venta de discos.
Ya muchos imaginan (y otros tantos saben) quién se lleva el trozo más grande del pastel y quién el más pequeño. Pero por si quedara alguna duda valgan estos datos.
Mi opinión no va a añadir nada nuevo a lo que ya se ha convertido en una corriente que arrastra a todo el que se mete en el juego de las grandes discográficas. Cierto es que hay mucha gente implicada en este trabajo a la que hay que pagar (técnicos, músicos de estudio, publicidad, ...), y cierto es que cuanto mayor es el riesgo que corre el inversor mayores beneficios debe obtener (un sistema que no defiendo pero que comprendo). Pero de ahí a que el último de la cola, el que se lleva el pedacito más pequeño de la tarta sea el autor o el artista no me convence.
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