sábado, 8 de enero de 2011

Querido guaperas

Llevo tantos años queriendo compartir contigo mis sentimientos... parecía que nunca iba a encontrar el momento para hacerlo pero, al fin, ya ha llegado. Espero que muestres compasión hacia mi y mi sinceridad. 

Cuando era una púber con la personalidad aún por formar intentaba agradar a todo el mundo. Como buen elemento de la manada procuraba reproducir los patrones de mis líderes. Imitaba los comportamientos de mis semejantes y copiaba prácticamente todo lo que les veía hacer. 

Es la época en la que se busca la aceptación del grupo por todos los medios. Pero, primero, había que conocer las reglas... y acatarlas. La ley establecía que había que llevar ropa de marca (de unas marcas muy concretas). Ser bueno en los estudios no tenía ningún mérito si no que más bien te condenaba al desprecio de los demás. No se podía llevar gafas, ni aparato corrector, no se podía ser gordo ni delgado, no se podía caer bien a los maestros ni que éstos te cayeran bien a ti. Las orejas tenían que tener unas medidas concretas. Había que ser malo, burlarse del prójimo, poner zancadillas, reírse de todo el que incumpliera los preceptos de la manada. 

En mis tiempos se desconocía el término friki y lo que suponía serlo. Y tampoco existía un colectivo que aunase y aceptase a todo aquel que no cumplía reglas tan estrictas. Una lástima. De haber sido así yo hubiera podido ahorrarme hacer lo que aquí voy a confesar: cometer un delito en toda regla.

Corría el año 91. Escuchaba a las otras niñas decir que cada vez que escuchaban esa canción... ay... ¡¡lloraban!! "¡Qué bonita!"- decían. "¡Qué guapo!"- suspiraban. Hacía caso omiso a tanta tontería hasta que un día una de esas niñas se me acercó y me preguntó: "¿No tienes la cinta?"- me dijo al tiempo que me mostraba la caja de plástico con un guaperas en la portada. No dije nada y salí corriendo. ¿Cómo pude ser tan tonta? ¡¡Se me había olvidado cumplir una regla inviolable del grupo!! ¡¡Escuchar al guaperas!! 

Me sentí fatal. Mis padres, hartos ya de intentar complacerme para que yo, a su vez, complaciera al grupo, me negaron el dinero para la compra del nuevo capricho de la manada. Mi desesperación crecía con el paso de los días, los demás iban pronto a darse cuenta de que estaba faltando a mi deber. Pero no fui la única. Otra niña, ésta algo más espabilada, presa del pánico por la misma situación que yo se hizo con el original de su hermana y me dio un consejo: "Toma, cópiala y también hazle fotocopia en color por las dos caras a la portada. Luego pegas las dos hojas y lo doblas como el cartón de la original. No se darán cuenta." Y así hice. Con la salvedad de que las fotocopias las hice en blanco y negro y no en color porque costaban una pasta.

El caso es que coló. Convencí al resto. Y así me dispuse a escuchar aquella dichosa canción que traía locas a todas. ¡Madre que tostón! Y si, si que lloraba ¡de sufrimiento! ¿A cuento de qué torturar de esa manera a seres en proceso de formación atravesando una fase tan delicada? Que ya tuve bastante con Candy, Candy ... ¡Qué empeño por traumatizar al personal!

Del resto de las canciones ¡qué decir! Recuerdo poco la verdad. Ya no volví a ponerla en el... ¿cómo se llamaba? ¡Ah, si! ¡El walkman! Sin embargo, para guardar las apariencias, la llevé a la excursión de fin de curso y, en un descuido, la perdí junto con el resto de cintas que me llevé. Sentí poco su pérdida, más bien nada. Por el resto, un poco.

Deseo que comprendas que todo fue fruto de la inocencia y de la ignorancia. Desearía tener en mi poder el cuerpo del delito hoy para enviártelo allá donde estás, al otro lado del charco, y devolverte así algo que es tuyo, algo que te pertenece por derecho y que tú y solo tú debes controlar. De esa forma expiaría mis pecados y se cerraría un círculo que NUNCA debí empezar a dibujar. Nunca volví a copiar un solo tema tuyo. Me dejaste tan impresionada que ya no volví a sentirme con fuerzas para hacer algo así. Así que, por favor, perdóname y deja de cobrarme por algo que NUNCA voy a volver a consumir ni a utilizar para ningún fin, ni lucrativo ni de ningún otro tipo. Creo que ya he cumplido mi castigo. Siento mucho lo que hice pero, ahora, confía en mi... que no lo volveré a hacer. 

1 comentario:

Ana Belén Montes Polo S80 dijo...

Buuuaaahhajajajjajajaajja me he sentido identificada tia, que fuerte!!!